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martes, 26 de mayo de 2009

Josefa Benítez: “Los medios hemos perdido credibilidad… ¿por qué?”

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La Conferencia sobre las fronteras de las civilizaciones. Nuevo orden en el sistema comunicativo mundial, que se celebra en la URJC, ubica a los asistentes en la tradicional triada: la esfera cultural, la esfera comunicativa y las políticas que afectan a ambas.

La exposición teórica sobre estas relaciones está en manos del catedrático de RR.II. de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Calduch Cervera. Para Calduch, todavía “no podemos hablar de una civilización universal ya que estamos dando los primeros pasos”. El problema es que “la globalización supone interdependencia y mundialización” pero “la interdependencia no es igualitaria”. Y es que “Europa, Norte América y Asia son los que más usan Internet. Y el resto, África, América Latina, Oceanía y Oriente Medio, apenas lo usan. Cuando eso cambie…otro gallo cantará”. Sobre las fronteras entre civilizaciones, el embajador de Dinamarca en España, Niels Pultz, señala la crisis de las viñetas de Mahoma como un ejemplo paradigmático de las desavenencias entre civilizaciones.

Un ejemplo práctico de subordinación económica y política entre países lo expone la profesora Elaine Levine mediante un estudio sobre el nuevo mapa de la situación de los migrantes en los Estados Unidos y un análisis sobre Obama y su política migratoria: “EEUU es el país que más inmigrantes tiene actualmente en el mundo y, desde luego, siempre ha sido un país de inmigrantes. La mayoría de estos provenían de Europa pero en los últimos 30 años esto ha cambiado y actualmente es Latinoamérica y algunos países asiáticos los que están a la cabeza”, sobre todo mexicanos. Los Estados Unidos reciben gran parte de su riqueza del trabajo de emigrantes hispanos y asiáticos y, aún así, no se les reconoce ningún derecho. La migración fue un tema muy discutido en los debates prelimares de las elecciones norteamericanas pero el peso de la crisis económica eclipsó el tema restándole importancia. Son dos hechos sobre los que un periodista debe poner el olfato.

El papel de los periodistas en el nuevo orden comunicativo mundial es imprescindible. Así lo afirma Josefa Benítez, periodista de RNE Exterior, que aprovecha su tiempo de intervención al máximo para hablar de la profesión: “Periodismo es periodismo y cuando cuentas algo tienen que ser hechos de interés general. Hay que tener un criterio, interpretar hechos de forma viable y no adornar la información. Cuando haya dudas hay que soltarlo cuanto antes”. Ante el debate de si todos los que escriben blogs son periodistas, Josefa es tajante: “No. Los medios hemos perdido credibilidad… ¿por qué? Hay que preguntárselo. La gente quiere saber. El ciudadano busca en Internet dar su punto de vista, criticar, etc. Los medios internacionales cuando hablamos de la guerra de Irak, nos repiten las mismas imágenes, y nos dicen que 'Alyasira' es lo contrario a CNN pero no nos aportan nada. Las empresas y la política están muy mezclados y no hacen periodismo”.

Las palabras de Benítez provocan reacciones varias entre los futuros periodistas que asisten a la conferencia. La mayoría de sus intervenciones van en la misma dirección: queremos cambiar el mundo pero no hay trabajo.

domingo, 12 de abril de 2009

The Dubliners en Madrid

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Concierto The Dubliners, lunes 9 de febrero en Sala Galileo Galilei de Madrid.

Cuando daban las tres de la tarde, hora del café en mi casa, mi padre se levantaba de la mesa, cogía su café solo con whiskey y se iba al salón con la misión de grabar la música que pinchaba Ramón Trecet en su programa de tendencias tradicionales y étnicas, Diálogos 3 de Radio 3 de RNE (1986 – 2008). En esos instantes, darle al record, al pause y al stop en el momento clave era su mayor preocupación. Pero, llegados los tiempos modernos, la máquina se rebeló. En el momento en el que pulsaba una tecla, ésta salía despedida por los aires, dirección no sabemos dónde. Entonces, mi padre se desesperaba, y más aún cuando al pulsar el record saltaba el stop, y viceversa. De manera que yo acabé encargada de calcular la trayectoria de la tecla e ir en su búsqueda, a la vez que el ponía todos sus esfuerzos en transcribir al papel el nombre de los músicos, del álbum y de la canción en inglés. No se le podía molestar porque enseguida se le escapaban los fonemas.

Era lunes, 9 de febrero. Esperaba por Carmen en el bar O´Ribeiro con dos entradas para el primer concierto en Madrid de los tabernarios irlandeses The Dubliners, pasados ya cuarenta y siete años desde que comenzaron su camino en 1962 en un pub de Dublín. Minutos antes, había entrado en la sala del concierto para recogerlas y allí estaban los cinco miembros, ensayando, o más bien, probando a bocanadas el aire de la sala reconvertida en taberna. En O´Ribeiro, con una cerveza a la izquierda y tres irlandeses a la derecha, recordé esa época de sobremesas radiofónicas con Loreena Mckennitt, Capercaillie, The Chieftains, George Winston, Madredeus... y de esas teclas rebeldes.

“Sí, tenemos nuestro idioma propio”, dijo Seán Connon y, tras un silencio, sonaron los primeros acordes de
Oró, ‘Sé do Bheatha ‘bhaile por la Irlanda libre. Recordamos lo que fue Dublín en In the Rare Old Times, bajo una luz encendida que disminuía su intensidad, como las fotos viejas. Barney Mckenna, el único miembro que queda de la primera formación del 62´, no se quitó la gorra de marinero. Sentado en una butaca tocó su banjo y contó sus historias "retranqueiras". Excepto en dos ocasiones. Con dificultad, Barney se levantó para cantar. Se mantuvo de pie bien agarrado al suelo, levantando una mano abierta y la otra con un dedo erguido. No era para mantener el equilibrio. No. Cuando Barney cantó muchos de nosotros regresamos a la cuna y a la eterna adolescendia con I wish I had someone to love me.

Hubo un tiempo también para el recuerdo de los dublineses fallecidos:
Ronnie´s Heaven, un poema compuesto por John Sheanhan para Ronnie Drew y el sonido de Dublin Minstrel Boy para Luke Kelly. A petición del público, sonaron los clásicos Molly Malone e Whiskey in the Jar, momento de exaltación dionisíaca. Ambas, con una cerveza compartida, pronto acabada, de pie, en el pasillo de la derecha, buscamos nuestro espacio. Una posó sus ojos marinos en el alma tabernaria de un grupo de rockers que se sabían todas las letras. La otra, guió el movimiento con el ritmo de siempre para encontrarse, por lo menos, con una tecla rebelde.

Punto muerto

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Cruzan el Estrecho en 15 minutos. Cada mañana, los chavales de la Cañada Real Galiana, sector Valdemingómez, salen de su pequeño Marruecos para coger el autobús que les lleva al colegio en Santa Eugenia, Rivas Vaciamadrid o Vallecas. Al llegar la tarde, el mismo transporte les dejará frente a la calle donde se asientan sus casas. Un poco más allá, está el pequeño oasis donde van a hacer sus deberes y a juntarse con sus vecinos. Es El Fanal, la antigua granja reconvertida en Centro Social.

A ambos lados de los escasos metros de calle segura, termina Marruecos y comienza la zona comercial donde los yonkis son esclavos de los mercaderes que proporcionan drogas a todos los estratos de la sociedad. No se mezclan con los vecinos, pero sus residuos pueden tropezarse con algún zapato. La pequeña Houda tuvo suerte “Todavía tenía el líquido naranja, no estaba infectada”. Quizás la experiencia le quitó el miedo para enfrentarse a los zombies. Cuando se acercan al Fanal la niña les amenaza con llamar a la policía.

El Fanal, 500 metros de calle, sus casas. Su universo, su celda.

Cada viernes, un grupo de gente nos acercamos a ese pequeño Marruecos de medio kilómetro cuadrado con la intención de sacar adelante el proyecto Bordergames. Y a medida que pasan las semanas, nuestro ánimo se va acercando al estado en el que se encuentra el trabajo. Punto muerto.

Nos enfrentamos a varias situaciones que, en su conjunto, nos deben decir algo.

Incoherencia
Educadoras sin formación a cargo de un grupo de chavales que viven en Marruecos y viajan diariamente a otro continente. Encerrados en un agujero olvidado por el sistema y enterrado por la basura de la ciudad. Ellas les ayudan con sus deberes, les dan cariño y les proporcionan juegos para divertirse y desconectar. Pero no les muestran lo que es la realidad fuera de allí. Consienten las rencillas mafiosas que se crean entre los líderes del grupo. Y participan: convencer al líder para que le siga el resto.

Desmovilización.
El espacio es pequeño, son pocos. Los adultos están organizados por clanes familiares sin base. No existe un movimiento común para luchar por sus derechos. Reina la desconfianza hacia el exterior.

¿Sentarse frente al ordenador o echar un partido de fútbol?
Frente a la cámara, los chicos hablan de los problemas de la Cañada sin tapujos. Reivindican sus casas, sus espacios, sus derechos. Pero siempre queda la duda de si son ellos mismos o están representando un papel para nosotros. Les gustan las fotos, los vídeos, contarnos historias. Pero no tienen ningún interés en reflejarse a través de un videojuego. ¿Pereza por el esfuerzo que conlleva o no quieren verse desde fuera?

D: “Joder chicos, para vosotros todo es una mierda. Las fotos son una mierda, el videojuego es una mierda…”
M: “Es que vivir en La Cañada es una mierda”.